14 de octubre de 2015

Reflexión homilética para el XXIX domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B

JESÚS SE HIZO SIERVO

Una vez más la liturgia nos presenta hoy a Jesús prefigurado en el Antiguo Testamento.
*       La primera lectura pertenece al capítulo 53 de Isaías sobre el llamado siervo del Señor.
Después de narrar cómo mataron y enterraron al siervo, leemos:
“El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación”… pero inmediatamente habla de la fecundidad del sufrimiento padecido: “verá su descendencia, prolongará sus años… Por los sufrimientos de su alma verá la luz… mi siervo justificará a muchos porque cargó con los crímenes de ellos”.
Todo esto es lo que padeció Jesús por nosotros: “como cordero llevado al matadero”, a quien el Apocalipsis presenta como “cordero degollado y puesto en pie”.
Con esta imagen San Juan presenta a Jesús, muerto y resucitado.
*       El salmo 32 nos invita a admirar la Palabra del Señor. De ella dice que actúa con libertad y ama el derecho y la justicia y además está llena de misericordia.
Esa Palabra es creadora de cuanto existe.
Esa Palabra es providente. Sus ojos protegen a quien le teme.
El Te Deum, himno de acción de gracias de la Iglesia, termina como el último versículo del salmo que es el que hemos repetido como antífona responsorial:
“Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti”.
Este salmo nos hace pensar también en las palabras del primer capítulo de San Juan que enseña: “Todo se hizo por la Palabra y sin ella no se hizo nada de lo que fue hecho”.
*       La carta a los Hebreos nos presenta también a Jesús sufriente siguiendo la línea del “siervo del Señor” que con su sacrificio se convierte en el sumo y eterno Sacerdote capaz de compadecerse de nuestras debilidades, porque “ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado”.
Termina con una invitación para todos:
“Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente”.
*       El párrafo que precede al Evangelio de hoy nos presenta una escena que siempre me ha impresionado. Lee e imagínala:
- “Estaban subiendo a Jerusalén” (donde Jesús iba a ser crucificado).
- “Y Jesús iba delante de ellos” (sin duda embebido en el sacrificio que se acercaba).
- “Ellos estaban sorprendidos” (porque no era lo ordinario ver que Jesús se les adelantara).
- “Y los que seguían tenían miedo” (se contagiaron del temor y quizá recordaron los anuncios de la pasión que les había hecho anteriormente).
Después de esta introducción,  Jesús reunió aparte a los doce y les hizo un tercer anuncio de su pasión y resurrección.
En ese ámbito de dolor y humillación, descubrimos una vez más que los apóstoles eran bien pobretes y no comprendían nada del misterio de Jesús.
Fíjate qué piden los “hijos del trueno”:
“Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”.
Jesús, paciente, les dice: “No sabéis lo que pedís”.
Luego, pensando en su propio futuro preguntó: 
 “¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”
Contestaron: “¡Lo somos!”
Jesús completó: “El cáliz que yo voy a beber lo beberéis… pero el sentarse a mi derecha e izquierda no me toca a mí concederlo; ya está reservado”.
La cosa empeora porque los demás se ponen celosos y se indignan contra los hijos del Zebedeo.
Jesús los llama a todos y les da la gran lección de humildad:
“El que quiera ser grande sea vuestro servidor y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos… porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.
Qué foto tan bien hecha de lo que tantas veces sucede hoy.
Hay muchos que quieren a Jesús y su Iglesia para conseguir privilegios. Piensan que los “cargos” son para medrar.
Como los apóstoles entonces estas personas no saben quién es Jesús y qué pide a  sus discípulos. En cambio todos los apóstoles bebieron el cáliz y todos murieron mártires…
Que Jesucristo, siervo del Señor, nos ayude a entender qué es un cristiano y qué privilegio trae el seguirle: ¡servir!

José Ignacio Alemany Grau, obispo

Un minuto para enriquecer tu formación
* Respondiendo a la inquietud del domingo pasado:
La diferencia de la respuesta de Jesús a Pedro, entre los dos evangelistas, es muy importante ya que Marcos añade “con persecuciones”.
* Para este día te pregunto:
¿Conoces qué es el Te Deum? ¿Lo has leído?

¿A quién representa el siervo de Dios del Antiguo Testamento?