21 de noviembre de 2013

Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo

JESUCRISTO REY
A la luz del Año de la Fe que termina este domingo y que sin duda nos deja el buen sabor de las cosas de Dios, hablemos de Jesucristo Rey del Universo. Él es la luz verdadera que ilumina a todo hombre y meditaremos si Jesús es rey; por qué; cómo ha reaccionado la humanidad frente a Él y qué podemos hacer nosotros.

Jesús es Rey

Pilato pone el título sobre la cruz con ironía para molestar a los fariseos que en realidad lo tenían harto con sus exigencias: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”.
Jesucristo mismo, cuando le pregunto Pilato: “¿Tú eres rey?”. Contesto: “Tú lo has dicho, soy Rey”.

La liturgia en el prefacio y en las oraciones de la fiesta enseña que el Padre “consagró Sacerdote eterno y rey del universo a tu único hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con oleo de alegría para que, ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta… entregara a tu Majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz”.

¿Por qué es Rey Jesús?

Hay un doble motivo para llamar Rey a Jesucristo.

- Rey por naturaleza; ya que es el único hombre que, además de serlo, es Dios verdadero. Ningún otro hombre podrá compararse con Él para quitarle el título.

- Rey por conquista; ya que Él con su sangre compró a toda la humanidad rescatándola del poder del pecado y la muerte con que satanás la había sometido y condenado.

San Pedro enseña que Jesús nos liberó “no con oro ni con plata sino con su sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha”.

San Pablo enseña también: “no os pertenecéis, pues habéis sido comprados a buen precio”.

Precisamente redención significa volver a comprar.

Esto es lo que hizo Jesús, nuestro Redentor.

¿Cómo ha reaccionado la humanidad frente a Cristo Rey?

- El Evangelio nos dice que Pilato puso sobre la cruz el título de Cristo y la causa de su muerte: “Éste es el Rey de los judíos”.

Las reacciones de ayer y de hoy son más o menos las mismas.

- Los fariseos protestan ante Pilato.

- “Las autoridades hacían muecas a Jesús diciendo: a otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios”.

- Los soldados, quizá para congraciarse con las autoridades, le decían: “Sí eres tú el rey de los judíos sálvate a ti mismo”.

- “Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”.

- Sólo el otro ladrón, sin duda iluminado por la gracia que Jesús le ofrecía lo defendió con estas palabras: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestros es justo porque recibimos el pago de lo que hicimos. En cambio éste no ha faltado en nada”.

Y volviéndose con arrepentimiento hacia el Señor que tenía tan cerca en la otra cruz le dijo: 

“Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”.

Sólo este ladrón arrepentido escuchó la voz del Salvador que le prometió: “Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso”.

- María y las Santas mujeres lo vivían todo en el silencio profundo de su corazón.

Hoy pasa lo mismo.

Los orgullosos se creen con autoridad, rechazan a Jesús y a los suyos, llegan a prohibir sus imágenes y persiguen a quienes siguen su Evangelio.

El Papa Francisco nos hablaba de un millón de cristianos asesinados en este siglo, únicamente por serlo.

- Muchos se llaman cristianos por novelería o por quedar bien pero desprecian a Jesús y a quienes lo siguen de verdad.

Otros malhechores, arrastrados por su vida de pecado, rechazan a Jesús simplemente porque les molesta su luz.

Finalmente, están los que lo reconocen como Rey y Señor y están los mártires que repetían al morir: ¡Viva Cristo Rey!

¿Qué haremos nosotros?

Agradecerle ya que le debemos a Jesús la esperanza de la resurrección, y lo aclamamos con el verso aleluyático: “Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro Padre David”.

A Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo lo glorificamos con el Apocalipsis:

“y oí el clamor de una multitud de Ángeles que estaban alrededor del trono… que gritaban a toda voz: Digno es el Cordero degollado de recibir poder y riqueza, sabiduría y fuerza, honor, gloria y alabanza”.

Con el salmo responsorial nos sentimos felices al poder llegar a la casa del Señor:

“Vamos alegres a la casa del Señor”. ¡Y el Señor es Jesucristo, Rey del Universo!

La primera lectura nos presenta a David aclamado y ungido como rey por las doce tribus porque David es considerado imagen de Cristo, el Rey definitivo “cuyo reino no tendrá fin”.

En cuanto al bellísimo himno de san Pablo a los colosenses, les invito a leerlo y meditarlo, porque es una belleza la descripción que hace de nuestro maravilloso Jesús, Rey del Universo.

No hay duda de que Jesús merece el título de Rey, porque siempre será el primero en todo.

José Ignacio Alemany Grau, obispo