9 de diciembre de 2017

QUE DIOS LOS ENCUENTRE EN PAZ CON ÉL



QUE DIOS LOS ENCUENTRE EN PAZ CON ÉL

Estamos en el segundo domingo de Adviento.
La liturgia va entrelazando los pensamientos serios sobre la segunda venida del Señor con la preparación gozosa del Mesías que llega.

  • Durante este tiempo la liturgia nos traerá frecuentemente el recuerdo del profeta Isaías para que prepare nuestros corazones. Podríamos decir que Isaías es el profeta preferido por la liturgia
  • Isaías
La lectura de hoy pertenece al “segundo Isaías” que manifiesta su ternura hablando directamente al corazón. Es de advertir que bajo el nombre de Isaías se incluyen tres hagiógrafos:
“Consolad, consolad a mi pueblo, hablad al corazón de Jerusalén”.
Lo que pretende el Señor por el profeta es que el pueblo de Israel se prepare para la llegada del Mesías. Son muchas las comparaciones que va empleando Isaías.
Desde los trabajos para enderezar los caminos al rey que viene, hasta la vigilancia del centinela que debe alertar al pueblo, porque quien viene no es un personaje cualquiera sino el mismo Dios:
“Mirad, el Señor Dios llega con poder y su brazo manda.
Mirad, viene con Él su salario y su recompensa lo precede”.
Y volviendo a la imagen bíblica tan querida del Buen Pastor, refiriéndose al mismo Señor dice:
“Como un pastor que apacienta el rebaño su brazo lo reúne, toma los corderos y hace recostar a las madres”. 

  • Salmo responsorial (84)
Podemos aplicar las súplicas de hoy al Mesías que viene y pedirle todos los bienes espirituales y materiales de que habla el salmo:
La paz a su pueblo, la salvación a los fieles, la misericordia y la fidelidad que se encuentran y la justicia y la paz que se besan como en un feliz matrimonio.
Por otra parte, pide la lluvia para que dé fruto a tiempo.
Aprovechemos también nosotros para pedir a Dios la lluvia oportuna para nuestras cosechas.

  •  San Pedro
El apóstol nos invita a tomar muy en serio la segunda venida del Señor y nos repite cómo, aunque parezca que tarda el Señor, Él llegará.
Medita:
+ El día del Señor llegará como un ladrón.
+ Habrá destrucción en el cielo y en la tierra.
Y después de decirnos que “si todo el mundo se va a desintegrar” de este modo, lo lógico es que debemos llevar una vida santa y piadosa. Lejos de llevarnos a la desesperación Pedro nos da buenos consejos que debiéramos tener siempre presentes:
“Confiados en la promesa del Señor esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que por fin habitará la justicia”.
Por eso añade el apóstol:
“Procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables”.

  •  Evangelio
El Evangelio de Marcos comienza de una manera original y muy importante:
“Comienza el Evangelio de Jesucristo Hijo de Dios”.
Esto sale al paso para refutar algunas herejías que afirman que Jesucristo no es verdadero Dios.
Aquí en cambio, desde el título, se nos presenta a Jesucristo como Hijo de Dios, es decir, de la misma naturaleza del Padre.
Después de esto nos trae las palabras de Isaías para presentarnos a Juan, el precursor:
“Envío mi mensajero delante de ti para que te prepara el camino”.
Juan vestía toscamente una piel de camello y una correa de cuero a la cintura.
Su comida era bien pobre: “saltamontes y miel silvestre”.
Pero lo importante era el fuego con que quería preparar la venida del Mesías del que posiblemente ya tenía noticias por los acontecimientos familiares de su infancia.
Juan gritaba con toda humildad:
“¡Detrás de mí viene el que puede más que yo!”
Y lo más importante de todo es que Juan bautizaba con agua como lo hacían otros profetas, pero él anunciaba la llegada inminente del que bautizaría con Espíritu Santo.
De esta manera ya nos vamos acercando al ambiente que se vivía en aquel tiempo en Israel, ya que había muchos signos que hablaban de la proximidad del Mesías.
Para nosotros que sea esto una invitación para purificarnos, y si es preciso confesarnos, para acercarnos más dignamente al sacramento de la Eucaristía e ir así preparándonos a la Navidad que se acerca.

+José Ignacio Alemany Grau, obispo

2 de diciembre de 2017

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO





PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Hoy se inicia el año litúrgico que, como puedes darte cuenta, no coincide con el año civil que empieza el 1 de enero.
Hagamos una breve introducción al año litúrgico recordando algunos detalles:
+ El año litúrgico tiene tres partes fundamentales: 
1) Adviento y navidad; 2) Cuaresma y pascua y 3) Tiempo ordinario.
+ Para las lecturas diarias tomaremos las del “año par”.
+ Como sabemos hay tres ciclos:
1) En el ciclo “A” nos acompaña el apóstol y evangelista San Mateo.
2) En el ciclo “B” San Marcos.
3) En el ciclo “C” San Lucas.
El evangelista San Juan aparecerá en los distintos domingos.
Este año nos toca el ciclo B y nuestro compañero fundamentalmente será San Marcos.
+ Los ornamentos del día durante el adviento (cuando no haya fiesta especial) son de color morado, excepto el tercer domingo que se puede utilizar el color rosa.
+ Cuando se hace la corona de adviento se suele poner como fondo el color verde con cintas rojas y cuatro velas del color de los ornamentos: tres moradas y una rosa.
+ El adviento tiene en realidad tres partes:
1) El primer domingo nos hablará de la Parusía.
2) El segundo y tercero nos hablarán de San Juan.
3) El cuarto nos preparará para la navidad.
A continuación desarrollamos algunos pensamientos sobre este primer domingo de adviento:
*      Isaías
El profeta nos presenta  distintas reflexiones, todas ellas muy interesantes y dignas de que las meditemos, pero en este día quiero fijarme en estas:
+ “Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia”.
Esto nos trae a la memoria, sin duda, estas otras palabras del mismo profeta, que repetiremos durante el adviento:
“Cielos, destilad el rocío, nubes, derramad al justo; ábrase la tierra y brote al Salvador”.
+ Fijémonos también en algo muy importante para nuestra vida que vamos a leer al comienzo y al final de la lectura de hoy:
“Tú, Señor, eres nuestro Padre, tu nombre de siempre es “nuestro Redentor”.
+ Y terminaremos la lectura con esta otra frase más profunda y completa:
“Señor, tú eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano”.
Qué hermoso confiarse a la providencia de Dios, como la arcilla en manos del alfarero.
*      San Pablo
En el inicio de la carta de San Pablo a los Corintios leemos estas palabras de cómo es un cristiano cuidado por la providencia divina:
“No carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”.
Y también esta otra sobre la bondad de Dios:
Por Cristo “habéis sido enriquecidos con todo: en el hablar y en el saber…”
Por eso será bueno que, admirando tantas maravillas como Dios ha hecho con nosotros, vivamos en acción de gracias como el apóstol.
*      Evangelio
Es de San Marcos y nos invita una vez más (como lo ha hecho la liturgia en esta última temporada) a “vigilar”.
Es de advertir que en el breve párrafo de hoy nos repite varias veces esa palabra.
Jesús nos presenta el ejemplo de un hombre que fue de viaje y dio una tarea a cada criado con el encargo de que estuvieran vigilantes al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer, para que en cualquier momento que llegara él estuvieran bien despiertos.
Y Jesús termina con estas palabras muy importantes para nuestro adviento:
“Lo que os digo a vosotros os digo a todos: velad”.
Con estos pensamientos podemos conocer qué nos pide claramente la liturgia de hoy.
*      Salmo responsorial
Sin embargo podemos completar con el salmo 79 que nos invita a invocar a nuestro Padre, ahora con el nombre de Pastor, para que “despierte su poder y venga a salvarnos”.
Y siguiendo la otra comparación tan querida, sobre todo por el profeta Isaías, le decimos también:
“Ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa”.
Y podríamos terminar con el versículo aleluyático que es una oración confiada a Dios:
“Muéstranos tu misericordia y danos tu salvación”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo