22 de septiembre de 2017

EL PROCEDER DE DIOS ES JUSTO

Reflexión homilética para el XXV domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A
Dios es justo, aunque su manera de actuar a veces, nos parezca extraña a los hombres.
Por eso, cuando nos hemos alejado del Señor, la misericordia nos está esperando siempre.
*       El profeta Ezequiel
Por lo visto los Israelitas en el destierro se quejaban del proceder de Dios, teniéndolo por injusto. Ezequiel, en nombre del Señor, les aclara que Dios actúa siempre con justicia y que si el que era justo cambia y se obstina en el pecado, se pierde. En cambio el pecador, si se arrepiente “ciertamente vivirá y no morirá”.
*       Salmo responsorial (24)
“La misericordia del Señor es eterna”.
Actuemos con humildad, reconociendo nuestros pecados y recemos al Señor con fe juntamente con el salmista: “Enséñame tus caminos, instrúyeme en tus leyes: haz que camine con lealtad… Recuerda, Señor, que tu ternura y misericordia son eternas… El Señor es bueno y es recto”.
Esta es la idea central que nos enseña la liturgia en este domingo: Dios es recto y justo con todos.
*       San Pablo
Se trata de un párrafo muy querido para la liturgia que nos lo recuerda con frecuencia.
Podemos meditarlo en dos partes:
La primera es el mensaje que quiere dar Pablo a sus queridos Filipenses para que tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús.
Para eso les presiona con la fuerza moral de la amistad que le tienen y pide:
“Si queréis darme consuelo y aliviarme con vuestro amor”.
Lo que quiere Pablo de los Filipenses es que se mantengan siempre unidos “con un mismo amor y un mismo sentir”.
Era lo que enseñaba Lucas de los primeros cristianos: “el grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma”.
Quiere que eviten rivalidades y ostentación y que cada uno se ocupe del bien de los demás más que del suyo propio.
Finalmente les pide que tengan entre ellos los sentimientos propios de Cristo Jesús.
En la segunda parte les presenta cuáles son esos sentimientos de humildad que vivió Cristo:
Era Dios y se encarnó en un cuerpo y alma humanos manteniendo su divinidad y sin embargo pasando entre los hombres como si fuera un cualquiera.
Se dejó matar para redimirnos con toda suerte de sufrimientos… pero Dios que es justo y fiel lo glorificó.
Ahora Jesús, Dios y hombre, “es el Señor” al que todos debemos adorar:
“Que toda lengua proclame que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”.
*       Verso aleluyático
Nos recuerda las palabras de Jesús “mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”.
Qué bonito es que Dios conozca nuestra verdad porque solo así puede estar en paz nuestra alma.
*       El Evangelio
San Mateo nos cuenta hoy una parábola de Jesús dirigida a los sacerdotes y ancianos del pueblo.
La verdad es que es fácil decir ‘sí voy’ y no cumplir. Esto es muy frecuente en nuestra vida familiar, social y también religiosa.
Por ahí va la parábola de Jesús.
El padre de dos hijos llama a uno y le dice: “ve hoy a trabajar a la viña”.
Él contestó: “no quiero”. Pero se arrepintió y fue.
Luego llamó al segundo para que fuera también a trabajar y le respondió: “voy Señor, pero no fue”.
Jesús aclara juntamente con los que le escuchan, que el que hizo la voluntad del Padre fue el primero y no el que aparentó obedecer.
Después de la parábola Jesús hace una dura advertencia a los dirigentes espirituales de Israel:
Ustedes que parecen los santos y directores espirituales del pueblo de Israel tengan en cuenta que los publicanos y prostitutas les llevan la delantera en el camino del Reino de Dios.
Jesús justifica esta afirmación con un hecho que aconteció pocos años antes:
“Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio los publicanos y prostitutas le creyeron”.
Creo que entendemos mejor las palabras de Ezequiel que nos enseñan que puede ser que el justo caiga en la maldad y que el pecador arrepentido preceda a los demás.
Tengamos en cuenta que quienes nos creemos buenos, generosos, predicadores excelentes, etc, a lo mejor tenemos que esperar para entrar en el cielo porque van delante con su arrepentimiento el borracho, el adúltero, el drogadicto…
¡Nos ganaron en el amor!

José Ignacio Alemany Grau, obispo

16 de septiembre de 2017

PERDONA Y TE PERDONARÁN


Reflexión homilética para el XXIV domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A
Con las lecturas de hoy la liturgia nos da una enseñanza sencilla que nos cuesta practicar porque somos orgullosos.  No soportamos la humillación porque somos creídos y nos duele que “un cualquiera” se atreva a herir nuestra fama, nuestros intereses, nuestros gustos y planes e incluso nuestros caprichos.
Por algo insistía Jesús en que le imitemos porque Él es “manso y humilde de corazón”.
Veamos las enseñanzas de hoy.
*       El Eclesiástico
Nos da una serie de consejos para conseguir el perdón de Dios. Todos ellos, en realidad, se reducen al tema central del día:
“Perdona la ofensa a tu prójimo y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas”.
Hace además una reflexión que parece de sentido común:
¿Cómo pedir perdón a Dios si no se perdona al prójimo?
“No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?”
Y termina diciendo: “recuerda los mandamientos y no te enojes con tu prójimo, (recuerda) la alianza del Señor y perdona el error”.
*       El salmo 102
El salmo responsorial nos enseña que Dios es misericordioso y debemos aprender de Él teniendo misericordia con el prójimo:
“El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en misericordia”.
Meditemos que la actitud de Dios frente a los pecados de los hombres es perdonar, fruto de su bondad y compasión:
“Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; Él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura… No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo”.
El salmo resalta, a continuación, que Dios no es como nosotros y “no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas”.
*       San Pablo a los Romanos
No somos señores unos de otros.  Tampoco somos señores de nosotros mismos.
Solo hay un Señor, Dios que se hizo hombre para redimirnos del pecado y conseguir que todos los hombres seamos sus servidores para felicidad nuestra.
Nuestro Redentor es el dueño de todo. Él quiso redimirnos porque sabe mejor que nosotros que solo en Él encontramos la verdadera felicidad.
Por eso “en la vida y en la muerte somos del Señor”.
El único dueño del mundo es Dios. Él solo tiene la paz, la alegría y el gozo que buscamos.
¡Que Él sea también nuestro único Señor!
*       Versículo aleluyático
Este versículo nos lleva a la plenitud del amor para con el prójimo.
Antes de Jesús la ley mandaba “amar al prójimo como a ti mismo”.
Con Jesús el amor, que llama “mi mandamiento” es mucho más profundo: “que os améis unos a otros como yo os he amado”.
¿Por dónde andas amigo? ¿Por el Antiguo Testamento o por el Nuevo, el de Jesús?
*       El Evangelio
Pedro preguntó a Jesús:
“Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le he de perdonar? ¿Hasta siete veces?”
Jesús le responde:
“Setenta veces siete” que no es cuatrocientos noventa… sino “siempre”, por el simbolismo de los números ya que sabemos que el siete indica perfección y plenitud.
La caridad es esencial en el Reino de Jesús.
Gustemos la parábola de hoy.
Jesús exagera para que entendamos la diferencia entre el amor de Dios al hombre y el amor del hombre a otro hombre.
Te invito a fijarte en dos cosas concretas:
+ La frase “ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
+ La diferencia entre diez mil talentos (una millonada) y cien denarios (sueldo de cien días para un obrero).
El Señor tiene compasión de su primer servidor y le perdona todo. En cambio él frente a las mismas palabras que le dijo el consiervo, no fue capaz de perdonar unos centavos y lo mandó a la cárcel.
Jesús quiere que aprendamos de Dios cómo debemos tratar a los hombres.
La última frase de la parábola es muy importante:
“Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.
Todo esto nos invita a recordar la oración de Jesús:
“Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo